lunes, 12 de noviembre de 2012

Por qué explotó la burbuja inmobiliaria

Una primera explicación apunta a una consecuencia directa de ese ecosistema tranquilo y equilibrado de baja inflación y crecimiento sostenido que permitió a los hogares entrar con más facilidad en el mercado crediticio. En esta espiral ascendente les era más fácil endeudarse en un entorno en que la expectativa del mercado laboral era estable y el pronóstico en relación a los ingresos era que no bajasen.

También ayudó la bajada de los tipos de interés nominal (debido a la controlada inflación). En definitiva, esta relajación de las condiciones del crédito en el mercado minorista impulsó el precio de la vivienda. La segunda causa hace hincapié en el mantenimiento de los tipos de interés real en el medio plazo a un nivel muy bajo, lo que propició que bajara el coste y el riesgo en toda la cadena del sector inmobiliario (risk free real rate). Apuntan también complejas regulaciones jurídicas del suelo y, en algunos países, a una reducida oferta.

La tercera explicación, y la menos benévola, es que la espiral era insostenilble. El aumento de precios provocó una subida simultánea del valor neto de los activos inmobiliarios y se desdeñó el riesgo inherente de esta efervescencia en la cartera hipotecaria de los bancos. Esta euforia en cadena llevó a su vez a una relajación de las condiciones del crédito, propulsando aún más el precio de la vivienda y, lo que era aún más arriesgado, la expectativa de que nunca dejaría de crecer. En muchos casos, el comprador final accedía a una hipoteca con unas condiciones tales que, en el momento en que la espiral alcista de revalorización se detuviese, difícilmente podría hacer frente siquiera al principal, como finalmente terminó sucediendo.

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