Los «brotes verdes» tan de moda no han llegado a las promotoras inmobiliarias. Lejos de ver cómo mejora su situación, los directivos de las principales empresas del sector, tanto de las cotizadas como las no cotizadas en Bolsa, están pasando más tiempo negociando con la banca que tratando de vender las casas que tienen en «stock» en el reciente Salón Inmobiliario de Madrid. Para otros sectores, incluso para el financiero, la crisis parece amainar, pero para el inmobiliario, la situación no sólo no mejora, sino que amenaza con una «segunda oleada» en esta crisis.
Nozar, en el ojo del huracán
La primera de ellas se llevó por delante a Martinsa-Fadesa, que solicitó concurso de acreedores, y en la segunda es Nozar la que está en el ojo del huracán, al punto de que ha notificado ya un juzgado mercantil de Madrid que podría presentar una propuesta de convenio de acreedores en las próximas semanas si no llega a un acuerdo de refinanciación con la banca.
La promotora de la familia Nozaleda se ha enfrentado ya a dos peticiones de concurso, desestimadas por el juzgado, pero podría llegar ante el juez voluntariamente. La banca extranjera y el BBVA son los principales escollos en la renegociación de la deuda de la promotora, que necesita un crédito de 700 millones para enderezar el rumbo.
Tampoco le van mucho mejor las cosas a Reyal-Urbis, aunque su situación no es tan acuciante. Tras deshacer el «ovillo» de participaciones y contratos cruzados que mantenía con los Nozaleda en Colonial y haber llegado a un acuerdo de refinanciación de su deuda, ha notificado a los bancos que no se están cumpliendo las condiciones previstas en el plan de viabilidad que respaldó el nuevo crédito.
Además, el presidente y accionista mayoritario de Reyal-Urbis, Rafael Santamaría, se ve en la tesitura de enderezar la situación o volverse a sentar con la banca.
Ni siquiera la aportación de promociones enteras a una sociedad conjunta con Banesto parece haber otorgado un balón de exígeno a Reyal, cuya deuda asciende a casi 5.000 millones de euros. En parecida situación se encuentra Afirma, la sociedad «heredera» de la antigua Astroc a la que Félix Abánedez unió Rayet Promociones y Landscape.
Tras conseguir con cierta holgura enderezar sus cuentas y refinanciar su deuda en un primer momento, ahora tiene que revisar todos sus planes porque no se están cumpliendo las premisas establecidas en la refinanciación. Su deuda asciende a casi 1.500 millones. Tampoco se salvan de la «quema» las dos promotoras controladas por los bancos. Tanto Metrovacesa como Colonial terminaron en manos de los acreedores de sus accionistas mayoritarios -la familia Sanahuja y Luis Portillo, respectivamente-, lo que las otorgaba un cierto margen a ambas.
Pero la realidad dista de la teoría. Metrovacesa busca con urgencia un acuerdo para refinanciar su deuda (más de 6.100 millones de euros) y negocia un crédito por algo más de 3.200 millones. En el caso de Colonial, la «guinda» la vuelven a poner los accionistas. Alicia Koplowitz ha comenzado la retirada justo en el momento en el que va a tener que sentarse de nuevo con los acreedores por no vender Riofisa como estaba previsto en el plan de negocio. Debe poco más de 6.500 millones. Por último, Realia se propone negociar con sus acreedores un aplazamiento del pago correspondiente al vencimiento de este año. Debe 2.300 millones.
Fuente: http://www.abc.es
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