Proceden de toda la provincia y duermen desde ayer en hamacas o en el suelo junto a la puerta de la empresa municipal de la Vivienda de Granada
Anochece en Granada este lunes de julio y la calle San Matías está llena de turistas que se aprestan con las cañas y las tapas. Son las vacaciones. Tiempo de alegría.
La calle paralela, donde campea la sede de Emuvyssa, la empresa municipal de vivienda del Ayuntamiento de Granada, vive una escena contrapuesta. Es la crisis. Tiempo de supervivencia. En el estrecho pasillo que queda entre el edificio y un solar abandonado lleno de escombro y basura se afilan en perfecta hilera una treintena de personas. Con sus tumbonas. Con sus hamacas. Con sus libros, con el IDEAL del día... y con una pegatina semichapuzera pero de lo más pragmática que en el pecho, del lado del corazón, luce un número que significa un sueño por cumplir: el piso. Tener un piso y encima en crisis y con la que está cayendo.
Vienen de Almanjáyar, de La Chana, de Almuñécar, de Lucena de cualquier parte. Vienen de la crisis y van al sueño de poder tener un piso en propiedad.
Se llaman Francisco, José, Antonio y han esperado lento, paciente y seguro a que las rebajas de verano llegaran al Ayuntamiento de Granada y que las gangas fueran de dos habitaciones más IVA.
Con el número 17, José, un mocetón bien plantado espera de pie mientras su padre se recuesta en la tumbona. Un amigo les acompaña y se van a turnar toda la noche. «Hay pisos de hasta 120.000 euros que pueden salir por 115.000 euros. Yo lo quiero con dos habitaciones. A ver qué hay. Aunque siempre quedan esos que dicen que son los más baratos, los de 89.000 euros más IVA...».
José Manuel lleva el número 16, «pero el piso no es para mí, es para mi hijo, que se ha enterado por el Ideal.es y aquí estoy yo, haciéndole turno hasta que llegue él». Aprovecho para preguntarle si su hijo vive con él y me contesta que sí, y me añade cachondón: A ver si así se... ¿cómo se dice? se va de casa, vaya», ríe para reconocer que no, que quiere que tenga su casa pero que no quiere que se vaya...
Pertrechos
Y así va pasando esta nueva vida. Se han convertido, en esta acera del destino que es muchas veces Granada, en una comunidad antes de tiempo. Acaban de llegar, pasarán la noche entera y, tras conseguir su añorado piso, serán ya vecinos para siempre.
Van llegando unas señoras a paso lento, pero de lo más firme. Traen neveras y bolsas como embarazadas de alimentos, se ve desde a lo lejos. «Le traigo tortas de Inés Rosales, bocadillos, el nestí y la coca-cola para que no se me queden dormidos...» (como si Morfeo les fuera a birlar el sueño, tremenda paradoja).
«Pues yo quería traerles gazpacho y migas», asegura gesticulante otra recién llegada que busca a su hijo en la cola, «pero cómo no sabía cuánta gente iba a venir pues al final no me he animado...». Lo dicho, la comunidad de vecinos va progresando en tiempo y forma.
Una joven pareja, va anocheciendo la tarde y la espera se va haciendo más presente, empieza a calentar el ambiente. El solar abandonado servirá para una hoguera, el casete para las rumbas, ellos darán las palmas, y la calle Navas sirve cerveza. Al final, la van a liar.
IDEAL, de mano en mano
Pero hasta que llegue ese momento, la gente se aprovisiona, se relaja y se conoce. Y, sobre todo, lee. Desde novelas de Vicente Blasco Ibáñez hasta papel couché. El Ideal, pasa de mano en mano y la foto de la portada de la avioneta reina en la conversación.
Sentados en el quicio de la entrada a la sede de Emuvyssa, el número 1 y la número 2 sonríen de lo más satisfechos. Luego, llegará el cansancio de la velada al raso. Pero llegará la mañana y todo se recordará como el doble sueño de una noche de verano. El del sueño cumplido del piso en propiedad. El del sueño que pasaron para conseguirlo.
Fuente: http://www.ideal.es
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