A finales de 2009 el precio de la vivienda en Londres subió un 4% y se augura que este crecimiento continuará durante este año
No creo que haya en toda Europa una ciudad donde se especule tanto en el sector inmobiliario como en Londres. Las ciudades con gran trasiego de cualquier tipo de inmigración, sea de paso, nacional, o extranjera tienen una larga historia especulativa que forma parte de su leyenda. Londres ha sido, y es, un gran foco de atracción para los países de las antiguas colonias británicas. También para Europa, Oriente y hasta Sudamérica.
PERFIL DE EDUARDO MONLEÓN
Profesión: Profesor de español en UN. Agency
Vivo en... Londres, Inglaterra
Desde... La década de 1970
Lo mejor de Inglaterra: Su civilización, cultura y sentido tradicional
Lo peor de Inglaterra: Su chovinismo y desapego a la integración europea
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Crisis económica
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Para la mayoría, este motor que insufla tanta vida en el cuerpo de la metrópolis es la City. Un centro financiero de primer orden, referente internacional de enorme magnitud comparable al eje Oxford-Cambridge en el académico. Si la City funciona y sus tentáculos están bien nutridos, la política, la economía y la vida británica se robustecen y puede palparse esa sensación de bienestar y relativa paz interior tan necesarios a sociedades y gobiernos.
Las turbulencias de los dos últimos años han puesto patas arriba muchos sectores que están estrechamente ligados a la City como es el sector inmobiliario. Muchos de los dealers y bright boys de las finanzas tenían, aparte de su generoso salario, unos bonus o gratificaciones que en muchos casos rondaban el medio millón de libras. Cuando las entidades financieras premiaban a estas lumbreras con espléndidas sumas, empezaba a dispararse el sector inmobiliario en las zonas nobles (Belgravia, Kensington, Chelsea, Holland Park o Hampstead) en las que poner un pie en la escala del habitat con menos de 30 años era un signo de poder y una garantía para un futuro brillante.
Todo cambió cuando Lehman Brothers tuvo que bajar la persiana y echar el cierre. La revolución alcanzó a todos, y los agoreros anunciaron la caída en picado de la City y el derrumbe del sector inmobiliario casi para siempre. En efecto, en otoño de 2008, de sopetón, la propiedad cayó un 10%. Mucha gente cogida en el trance sacó sus propiedades del mercado para esperar tiempos mejores. En el mercado inmobiliario sólo se encontraban propiedades de muy poco interés, o algunas que había que vender por motivos urgentes.
Si hacemos balance un año después, a finales de 2009, nos encontramos con una subida de casi un 4% y lo más reconfortante es que sigue -pasito a pasito- subiendo. Analicemos el porqué de este bálsamo en medio de la crisis. Para empezar: hay dinero. Es un dinero que estaba ahí o que, debido a las fluctuaciones a la baja de la libra, ha llegado a Gran Bretaña para especular. Comprar algo sólido, importante, y en condiciones de grandes facilidades para el comprador es una operación muy positiva a medio, o largo plazo en una ciudad como Londres. Mucha gente piensa que invertir dinero en propiedades con precios más cercanos a la realidad, es mejor que tener el dinero en una cuenta que produce unos intereses ridículos: "Al final hay que vivir en alguna parte, y un Lamborghini como vivienda no es solución", dicen los caústicos por acá. Considerando sus circunstancias podrían tener razón.
Las hipotecas para el usuario medio han bajado hasta tal punto que en el verano de 2007 -punto álgido referente- se necesitaba aproximádamente un 48% del salario para atender los gastos, mientras que en otoño de 2009 era sólo un 32%. Hasta enero de 2009 la propiedad habia caído hasta un 17% en Gran Bretaña cebándose en algunas zonas en las que había subido anteriormente de forma acelerada. En cambio un año después, como he explicado, la subida es de un 4%. En el cómputo total de propiedades, a nivel nacional, la vivienda anda por las 170.000 libras.
Sin embargo, en el sufrido norte industrial es otro cantar. Allí los cambios positivos ni están, ni se les espera en un futuro inmediato. Las propiedades londinenses en las zonas de gran afluencia nunca bajan. Pueden estabilizarse, mantenerse, dormir el sueño de los justos durante meses o temporadas pero luego retornan al mercado ofreciendo algo nuevo o diferente y se vuelven a colocar posiblemente, más caras.
El prestigio de comprar propiedades "únicas" es un afrodisiaco difícil de resistir, por ejemplo, para plutócratas rusos u orientales montados en el petrodólar o equivalente. Me refiero a gente como Abramovich dueño del Chelsea F. C. con propiedades por encima de 20 millones de libras en varias partes de Londres o al magnate indio Lakshmi Mittal considerado el hombre más rico del Reino Unido con propiedades familiares calculadas en más de 500 millones.
Para 2010 se augura un crecimiento suave que puede en algún momento ralentizarse aunque la tónica debería ser la de una progresión sin estridencias dado que ya hemos entrado en mejoría y, si las cosas pintan medianamente bien y entran los conservadores, llegarán nuevos aires y bríos para la economía, especialmente para el sector inmobiliario y financiero.
Este país ha sufrido, que yo recuerde, dos grandes derrumbes inmobiliarios: el de finales de los años ochenta y el actual. Del primero se tardó bastante en salir y la recuperación fue penosa. De éste, que es más fuerte, más demoledor, aparte de ser históricamente un referente y un correctivo, hay que sacar necesariamente lecciones para que nunca el sector financiero abuse tan descaradamente de la ambición por progresar -por otra parte, natural- de la sociedad.
Fuente: http://www.lavanguardia.es
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