Se trata de hipotecar o incrementar substancialmente la hipoteca de una vivienda para conseguir una cantidad de dinero elevada, para obtener una mayor financiación y generalmente un tipo de interés inferior que si optáramos por un préstamo personal.
Es muy importante tener en cuenta que para que financieramente salga rentable esta opción, el importe de la hipoteca nueva debería ser de como mínimo unos 50.000 euros, ya que debido a los gastos inherentes que conlleva constituir una nueva hipoteca (notaría, impuestos, etc.), saldría más a cuentas un préstamo personal porque, aunque el tipo de interés en principio es mayor, sus gastos de constitución son muy inferiores.
Hace 4 ó 5 años, cuando la concesión de hipotecas llegó a máximos históricos, esta formula fue utilizada por muchas familias para comprarse un coche de alta gama, hacer reformas en su vivienda o segunda residencia, hacer un viaje de ensueño, operaciones de estética o incluso varias de estas cosas a la vez. Pero en la actualidad, dada la restricción del crédito tan importante que existe en el mercado, este tipo de operaciones tienen unos tipos de interés muy elevados y no son tan atractivas para las familias. Leer más
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