Como quien acaba de despertar de un sueño feliz de una noche de verano, hemos vuelto de las vacaciones con la sensación de que lo peor en el sector inmobiliario ya ha pasado. Nos cuentan ciertos promotores inmobiliarios y algunos expertos del sector que los precios empiezan a dejar de caer, que un euribor bajo mínimos nos ofrece una oportunidad histórica para volver a comprar una casa y que, en definitiva, ya hay vida bajo los escombros de un sector roto por el eje en le que la venta de viviendas se reactiva. Sin embargo, a la teoría le tiemblan los engranajes de una mentira global que apenas aguanta cuatro reflexiones fundamentales.
¿De verdad se van a vender 450.000 viviendas este año? O háganse la pregunta de otra manera, por ejemplo cuestionándose si toda esa cantidad de casas va a parar a los españolitos de a pie. Dicen las cifras que en el primer semestre se han vendido 211.000 viviendas y que la cifra total en el año se aproximará al medio millón. Lo que no dice el oráculo oficial es qué parte de esas casas corresponden a las que las entidades financieras se han quedado en el trueque masivo por deuda de los promotores.
Resulta increíble, por no decir del todo absurdo, que un país inmerso en una crisis inmobiliaria y financiera -ya saben, vayan a pedir un crédito al banco- sin precedentes pudiera cerrar el año con un logro tan extraordinario como ese medio millón de viviendas. No olviden que esa es la cifra que los expertos llevan años defendiendo como ideal para el mercado español. O sea, que vivimos en la normalidad inmobiliaria a pesar de que el sector del ladrillo esta sencillamente quebrado. Parece que esta última afirmación -la de la normalidad, se entiende- está lejos, muy lejos de la realidad. Claro que tras el terremoto hay un cierta reactivación, pero sólo eso.
¿Es el euribor un acicate para comprar? Ahí va la segunda mentira, y con toda seguridad la más peligrosa: el euribor, al 1,3% ya, es un acicate de primera para comprar. ¿No les recuerda al mundo feliz que los promotores -ante el silencio oficial de políticos y banqueros- vendieron en pleno boom para convencernos de que los tipos bajos iban a durar siempre y permitir que nos hipotecáramos a 40, 45 ó 50 años?
Pues bien: prepárense para ser bombardeados con el mensaje de que hay que aprovechar la oportunidad de endeudarse a tipos históricamente bajos. Seguramente no serán tan solícitos a la hora de recordales que todo lo que sube baja, y al contrario, y que con las economías alemana y francesa ya en la senda de la recuperación posiblemente el precio del dinero sólo puede hacer otra cosa que subir. Pero la mentira es doble. Es verdad que el Euribor ha bajado pero, ¿lo han hecho los diferenciales de las hipotecas? Comparen y descubirán que respecto al año pasado han subido entre el 80% y el 100% en la mayoría de los casos. Sorpresa, sorpresa: hagan números y comprueben si contratar una hipoteca es ahora más barato.
De vuelta al mundo feliz. Alfred Adler, el psicólogo austríaco seguidor de Freud, dejó dicho que una mentira no tendría sentido si la verdad no fuera percibida como peligrosa. Y la verdad tiene mucho que ver con la realidad, con unas cifras de paro en agosto que se han comido la recuperación de los tres meses anteriores y que amenazan ruina al menos hasta el cierre del ejercicio.
Añadánle a las frías y duras cifras la inseguridad que genera a la población la posibilidad de perder su empleo -tremendas son las previsiones de Javier Gómez Navarro, presidente de las Cámaras- y el número de mileuristas que pueblan las empresas españolas y llegarán a la conclusión de que el actual no es el mejor escenario para una recuperación del ladrillo. Un sector que, lo acaba de decir la OCDE, es junto al paro la piedra en la rueda de la economía española que nos hará llegar los últimos a la recuperación.
Y por supuesto, los precios. ¿Qué si va a bajar la vivienda? La pregunta debería ser qué tipo de vivienda va a bajar y cuánto. Empieza el curso y el mercado inmobiliario sigue con las mismas constantes vitales: estrangulado y en manos del sector financiero. La clave es que hay una parte del mercado de vivienda a la venta que juega el partido con menos de once futbolistas. Es esa parte que no está en la cartera de los bancos y cajas que se han tragado a la fuerza las viviendas de los promotores para evitar la suspensión de pagos de éstos y un nuevo salto mortal de sus propias cifras de morosidad. Centrado en vender su producto, el sector bancario no ofrece financiación para todo lo demás.
La conclusión es que el mercado es más pequeño, menos líquido por lo tanto y más controlada por consiguiente la caída de precios. Si todos los vendedores saltaran al campo en igualdad de condiciones la nueva caída de los precios que está todavía por llegar -especialmente en el segmento de la segunda mano- y que nadie serie discute sería más rápida y pronunciada. ¿Hasta dónde? Muy sencillo: hasta dónde se puedan permitir los compradores.
Fuente: http://www.finanzas.com
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